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Este 24 de febrero de 2025 se cumplen quinientos años de una jornada memorable que cambió la historia de España, de Europa y del arte de la guerra, el día en que Francisco I de Francia fue derrotado y apresado en Pavía, y la flor y nata de la nobleza francesa pereció arcabuceada por infantes españoles. La victoria imperial no solo allanó el camino de Carlos V hacia la hegemonía en Italia, sino también hacia el saco de Roma en 1527 y la posterior coronación imperial de Bolonia en 1530. Parecía un signo del fin de los tiempos, de la llegada del “último emperador” destinado a unir a la cristiandad frente a la amenaza del turco. En adelante, mientras que el maquiavélico Francisco se aliaba con el enemigo por excelencia, sería Carlos quien asumiese el papel de paladín de la Iglesia como defensor del mundo católico frente a la expansión otomana. A su vez, el espectacular triunfo del ejército imperial consagró un modelo táctico, el de los tercios españoles –entonces no con dicha denominación, que habría de esperar hasta 1536, pero ya con todas sus líneas maestras–, que venía anunciando desde hacía varios lustros el fin del dominio en los campos de batalla de la combinación de caballería pesada, piqueros suizos y artillería que tantos laureles había otorgado desde 1494 a los reyes guerreros de Francia, Carlos VIII, Luis XII y Francisco I. La infantería española, con su movilidad, flexibilidad táctica y eficaz combinación de picas y armas de fuego, dominaría por siglo y medio los campos de batalla europeos. Antes que el duque de Alba y Alejandro Farnesio, estuvieron los hombres que dieron a Carlos V la victoria en Pavía y el dominio de Italia, el marqués de Pescara, el marqués del Vasto, Antonio de Leiva, Hernando de Alarcón y Juan de Urbina, por no hablar de aquellos pocos miles de “españoles viejos”, veteranos de muchas campañas, que sepultaron en el parque Visconteo de Pavía a lo más granado de la nobleza de Francia. La batalla de Pavía.
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